Coma. by Eduardo Rubin

_________________________________________________________

Que es lo último que recuerdas cuando ya no recuerdas?

 

Que poder tiene tu mente para construir una historia en minutos?

_________________________________________________________

Capítulo 1

 

Suena el despertador.

Comienza la rutina. Un pis. Lavarse los dientes y la cara. Preparar desayunos, alistar a los niños, besar a la esposa, bañarse, cambiarse, desayunar, ajustarse la corbata, llevar el maletín y salir a enfrentar el día. Llevar a los niños a la escuela, que saluden a su madre antes de salir. Enfrentar el tráfico de la cercanía con la escuela. Esperar en línea para que los niños bajen frente al portal y enfrenten ellos sus desafíos. Un beso y....que tengan muy buen día!

Luego a encarar la autopista....aquella cinta asfáltica capaz de llevarte a tu destino diario o final.

 

___________________________________

Capítulo 2

Su rutina diaria le imponía unos 75 minutos diarios arriba del auto. Eso le daba tiempo infinito para recurrir a los pensamientos más divergentes. Entre esos pensamientos, siempre tenía presente la posibilidad de un accidente. Solía pensar que era un juego de azar y que algún día el accidente podría caer sobre su camino. A pesar de pensarlo cada día, hacia un rápido esfuerzo por alejarlo de su pensamiento, para no atraerlo.

 

Carlos jugaba con su frondosa imaginación, y eso le permitía transitar el viaje lejos de la monotonía.

Uno de sus juegos mentales preferidos era mirar a las personas de cada auto e imaginar sus historias. El momento ideal para jugar a ello es cuando estás atascado en el tránsito, ya que ves mucho más claro la actitud frente a la situación y por otro lado, tienes más tiempo para involucrarte, pensaba.

 

A la izquierda un hombre de traje color café, de solapa de otra época y fumando cigarrillos mientras mantenía sus ventanillas cerradas a excepción de una hendija de un centímetro por donde expulsaba los restos humeantes de su horrible mañana.

Ya nada tiene sentido, pensaba. Fumemos hasta que todo acabe, pero a su vez la hendija le aseguraba una agónica jornada. Su traje color café, seguramente escondía una cuántas manchas de oficinas mal iluminadas y de dudosa limpieza. Su ropa destilaba olores.

Cuando logró “desprenderse” del señor del cigarro, en su radar apareció en primer plano unos stickers que avisaba con total claridad cuál era la situación familiar. Papá, mamá, abuelito, nena, nena, nene, gato y perro. Pensaba que no habría mucho lugar para imaginar nada, hasta que se adelantó y descubrió al conductor. Su cara hablaba mucho más de su carencia que de su abundancia. Lo miraba tomando su café en su vaso especial de viaje e imaginaba que había mezclado whisky en él, para ir ahogando sus penas a la vista de todo el mundo.

 

Mientras pensaba en lo peligroso de aquel conductor, ella se adelantó sobre su derecha...imposible que pase inadvertida.

 

___________________________________

Capítulo 3

Pasaba relativamente rápido, sin embargo pudo hacerse de una instantánea bien clara.

Sus cabellos pelirrojos al viento, sus labios carnosos, sus manos perfectas tomando el volante con fuerza. No pudo sacarle la vista de encima. Era un imán de piel tersa.

Se pusieron a la par, Carlos se esforzaba para que así sea. Ella gira su cabeza y le regala una preciosa sonrisa de dientes perfectos y blancos. Él sintió ese gesto como una dulce provocación.

 

De repente su mente hizo lugar para comenzar a imaginar y mientras avanzaban sincronizadamente imaginó que la conoció cuando eran pequeños, en el colegio. Que le gustaba mucho ya que era una nena divina. Pero durante años no se vieron, hasta que volvieron a encontrarse por casualidad, en la calle. Ambos quedaron muy emocionados y sobresaltados con ese encuentro y se besaron. Su boca era de miel, al igual que el color de sus ojazos. Imaginó Viajes por Europa así como sus primeras vacaciones juntos en la playa, donde descubrió cuanto adoraba su cuerpo trabajado en el gimnasio. Y sus pies, por favor, que bellos.

 

Se atrevió a bajar el vidrio y ahí volvió a descubrir su mirada profunda. “Hola!”-se animó. “Hola”, respondió ella con una voz áspera que tanto lo provocaba. “Me llamo Carlos gritó”....ella simplemente dijo, “Alicia”. Los dos volvieron a mirar al frente, sabiendo que ya había entre ambos autos un canal virtual de comunicación.

Imaginó cuanto disfrutaban del sexo y que les resultaba casi imposible pasar tiempo juntos sin tener contacto sexual. La escuchaba gemir. Percibió cuanto lo excitaba este pensamiento por el sudor, las palpitaciones y su erección.

Volvió a mirarla y ella, mientras lo miraba a los ojos, se desprendió tan solo un botón en su camisa, dejando que sus pechos ocupen un espacio en la formidable escena.

 

___________________________________

Capítulo 4

Imaginó el sabor de sus besos en la mañana, aquellos dados solo por amor y apasionadamente. Imaginó la temperatura de su piel blanca...era tibia y dulce. Imaginó el sabor de sus genitales....era provocador y embriagante. Irremediablemente, mientras pensaba en ello estaba muy excitado. Es que estaba sintiendo, más que imaginando.

Reconoció el sonido de sus gemidos...suaves. Y su manera de entregarse al sexo desenfrenado.

Él miraba las manos de Alicia al volante e imaginaba vívidamente esas manos en su cuerpo, entregándole placer...su boca...su cuerpo todo. Y cuando todo logró confundirse en su mente, las sensaciones físicas, sus jadeos en el oído, sus genitales se hinchaban y su aroma inundaba los sentidos. Ella se agarraba con fuerza y la penetración era perfecta y escandalosamente sabrosa y profunda. No podía quitarle los ojos de encima.

Alicia le hace un guiño con su ojo izquierdo.

 

El airbag explota frente a su cara con una violencia que solo se compara a la que su automóvil ejerce contra la defensa izquierda de la autopista. El auto salta por el aire. Pequeños vidrios comienzan a danzar por el habitáculo. El auto hace una vuelta sobre sí mismo en el aire, que se asemeja a la habilidad de un atleta olímpico, pero que equivoca el movimiento al caer.

Carlos mantenía una sonrisa que se fue apagando con su pérdida de conocimiento y desvanecimiento. El golpe fue muy fuerte y si bien el cinturón de seguridad lo sujetó y salvó su vida, el impacto violento sobre su cuello, ese brutal latigazo, lo puso a dormir.

Los automóviles que venían circulando a la par frenaron brutalmente al ver semejante espectáculo frente a sus ojos. Algunos de ellos quedaron en sus autos inmovilizados por el stress de la situación, otros llamaron al 911 para reportar el accidente y solicitar ayuda. Algunos bajaron de sus autos para acercarse al accidentado procurando socorrerlo.

 

___________________________________

Capítulo 5

Alicia, totalmente en shock por la situación clavó sus frenos y se detuvo sobre la banquina casi provocando otro accidente. Se quedó un minuto aferrada al volante con sus dos manos sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Logró salir de su estado de enajenación cuando sintió que golpeaban su ventanilla...”está usted bien?” Preguntó un desconocido que también se detuvo.

Reaccionó y sin contestarle bajó del auto como expulsada y salió corriendo por el costado de la carretera en dirección al auto accidentado. Su pollera flameaba en el aire mientras gritaba como si fuera un himno...oh Dios, oh Dios mío..y lloraba. Mientras corría y gritaba iba abotonándose su blusa sin poder más que sentir que ese juego que tanto la provocó hace instantes, había sido responsable de esa tragedia.

 

Cuando llegó al auto accidentado, Carlos estaba desvanecido y lastimado por la explosión de vidrios y otros objetos que volaron por el aire. Ella le sujetó la mano entre las suyas y se dio cuenta que estaba sangrando. No le importó y se quedó sujetándolo. Lloraba. Sintió que su sangre era una ofrenda y era todo lo que podía tener de él en ese momento.

Mientras esperaban a los paramédicos la gente reunida se preocupó por ella y preguntó si lo conocía...Alicia tragó su saliva y su llanto durante un instante y con un dolor en su garganta respondió: es mi amigo.

 

___________________________________

Capítulo 6

Al llegar los paramédicos con sus ensordecedoras sirenas piden a todo el mundo despejar el área para que puedan trabajar. Un hombre le dijo al jefe del operativo de rescate: a ella déjela que es su novia.

 

Mientras los paramédicos trabajaban, un oficial se le acercó para interrogarla, pero ella, en su angustia y llanto solo podía mover su cabeza por la negativa o positiva. Fue así que no tuvo que responder el nombre del hombre ni su edad pero si señalar afirmativamente detalles del accidente o alguna data que ella decidió establecer, como por ejemplo que no había consumido ninguna medicina ni droga. “Es un hombre sano”, dijo entre sollozos.

Mientras trabajan cortando parte del auto para poder sacar y trasladar a Carlos en ambulancia, Alicia encontró un teléfono celular. Pensó en entregarlo a la autoridad pero no pudo y lo apretó en su mano.

Cuando al fin logran sacarlo del auto y acostarlo en la camilla, una troupe de especialistas comenzaron a trabajar sobre el accidentado.

El paramédico indica que lo llevarán al hospital del Oeste, distante 12 millas que si necesita que alguien la conduzca. “No, gracias...allí iré”, dice Alicia sin dudar.

 

Al cerrar la puerta y en la insonoridad de la cabina ella fue calmando su llanto nervioso. Miró sus manos y adoró el rojo oscuro de la sangre. Era un trofeo. Reaccionó que tenía su teléfono e instintivamente comenzó a revisarlo, mientras, por el carril contiguo pasaba la ambulancia.

Descubrió que se llamaba Carlos Esperanza y decidió no detenerse mucho tiempo más con el teléfono. Ya habría tiempo para ello. En el camino Alicia llamó a su trabajo para reportar que no iría....que había estado involucrada en un accidente en la autopista. “Estás bien?” Le preguntaron...”Sí, solo unos golpes y un poco de sangre”, mientras miraba sus manos.

 

___________________________________

Capítulo 7

Al llegar al hospital preguntó dónde estaban atendiendo a Carlos, que ella era su novia y quería saber que estaba pasando con él.

Estuvo en la espera de terapia sin que informen nada durante horas. Aprovechó su tiempo revisando el teléfono.

La sala de espera se fue colmando de gente. En ese instante se preguntó qué estaba haciendo allí. Se decía que debía irse. Dejar el teléfono en una silla o arrojarlo a la basura e irse. Pero rápidamente venía a su mente la mirada de ese hombre. Su sonrisa. Sus manos tan varoniles al volante. Su notable excitación. Ese pensamiento logró provocarla.

Cruzó sus piernas con fuerza para tranquilizarse mientras se movía en su silla. No podía dejar de sentirse responsable pero a su vez no quería evitar el estado de excitación que estaba viviendo.

Vibra el celular. Que inoportuno pensaba. Ella quería quedarse en ese estado de entrega a lo primitivo. Hacía mucho que no sentía tanta fuerza sexual. Vuelve a vibrar el celular. Con mucha displicencia lo agarra y descubre que el teléfono que clamaba por su atención era el de Carlos.

En pantalla, un mensaje decía: Este teléfono es de mi esposo que lo perdió en un accidente...si alguien lo tiene por favor que llame al 409.2069.

Alicia quedo perpleja mirando la pantalla. No podía reaccionar. Inmóvil. Imaginó que quien había enviado el mensaje estaría en la misma sala de espera con ella.

Tenía que pensar que hacer. Entonces decide ir al baño.

Mientras lavaba sus manos, ahora sí tratando de borrar toda huella posible que la atara mentalmente a la situación, iba pensando cómo salir de todo el embrollo en el que se había metido. Pensaba que igual nada malo había hecho, más bien lo contrario. Lo había asistido y le conservaba el teléfono para entregárselo a un familiar.

Iba haciendo planes en su cabeza mientras secaba sus manos.

 

___________________________________

Capítulo 8

Al baño entra una enfermera y al cruzar su mirada con Alicia le dice: vos no ibas al colegio NG del barrio norte? Siiiii, claro!!!!!! Se abrazaron y rieron enérgicamente en aquel disparatado encuentro.

La enfermera le pregunta qué hacía ella ahí. Alicia responde: “No vas a creer, pero mi amante tuvo un accidente, está en terapia intensiva y ahora apareció su mujer y yo me siento muy incomoda”. Mientras contaba esta historia, se preguntaba cómo lo estaba haciendo? si tenía pensado bajarse del cuento. Pero estaba siendo llevada por su instinto.

La enfermera le dice que no se preocupe, que la mantendría informada de todo sin necesidad de exponerla.

Sellaron ese pacto intercambiando sus números telefónicos, para mantenerse en contacto.

 

___________________________________

Capítulo 9

Los días siguientes fueron bien extraños. Alicia visitaba diariamente a Carlos aunque él seguía en coma. Sabía que también era visitado por su esposa pero se las arreglaba para que todo funcione sin contratiempos y con la complicidad de la enfermera, que según pasaban los días, ya no se trataba sólo de ella sino que todos en el piso conocían "la historia".

Cuando entraba a visitarlo le agarraba la mano como cuando fue el accidente y pasaba tiempo velando por su tranquilidad. Pasaban los días y cada vez conocía más y más sobre la vida de Carlos. Ella se preguntaba hasta cuando continuaría con esta farsa. Pero la verdad es que cada día que pasaba, Alicia sentía más fuerte por Carlos y la sensación de farsa se desvanecía.

 

La tarde del 23 de abril fue decisiva en sus vidas. Sonó el celular. Alicia sabía que era la enfermera quien la llamaba. Había días en que la llamaba para comentarle que el terreno estaba liberado o simplemente para contarle detalles de la curación de Carlos. Ese día no quiso atenderla. Estaba asistiendo a su jefe con un contrato y no podía distraerse. Cuando tuvo un break escuchó el mensaje: “No sabes lo que ocurrió. Ven inmediatamente al hospital”, decía la enfermera con voz temblorosa.

Alicia le dijo al jefe que se sentía mal y debía irse de inmediato. Cogió su auto y partió apresuradamente hacia el hospital. En el camino se preguntaba qué era aquello tan importante. Llamaba a la enfermera pero ésta no atendía. Y si se enteraron de todo? Y si alguien le contó a la esposa? Alicia conducía temblando.

 

Al llegar al tercer piso del hospital notó el clima de alegría que había. Al caminar el pasillo fue interceptada por la jefa de enfermeras. Por fin! Dijo casi gritando. Es que no venias más....y así, le agarró la mano y la llevó directo al cuarto de Carlos.

 

Al entrar al cuarto pudo ver que había más gente de lo habitual en el cuarto y cuando estiró su cabeza para hacer contacto visual con Carlos lo vio despierto. Por primera vez en meses había despertado de su coma. Tenía el rostro un poco perdido. Alicia, emocionada avanzó entre los presentes para verlo de cerca. No había tiempo para pensar, solo actuar. Cuando ella se apareció frente a Carlos, éste estalló en alegría y le estiró la mano que ella con devoción infinita recogió entre las suyas. Mi amor, dijo ella. Entonces él hace un esfuerzo para hablar y decir su nombre, terreno que rápidamente Alicia allana. Cuando Carlos escuchó de sus labios la palabra Alicia, se le dispararon todos los recuerdos en un segundo. Sus pupilas se agrandaron y salió del estado de susto.

 

Instantáneamente Carlos reconoció a esa mujer y lo embriagó la emoción. “Por favor, bésame que llevo mucho tiempo esperando por tus labios” le dijo. Ella avanzó a besarlo y él reconoció la temperatura de su hermosa piel, el cuidado de sus manos sobre las suyas, la belleza de su rostro y con una mano fue a tocarla.

El cuarto se fue despejando de personal para quedar solos con el médico y su amiga enfermera. Ella le hizo un guiño de ojos cómplice y él volvió a emocionarse.

El doctor continuó con la rutina de chequeo mientras la enfermera abrazaba a Alicia y le decía que ellos sabían que todo saldría bien.

 

___________________________________

Capítulo 10

Mientras, Carlos recordó sus vacaciones en Roma y el hermoso departamento que rentaron en el centro y sus paseos abrazados por las callecitas. Después recordó las vacaciones en la playa e instantáneamente miró las hermosas caderas de su amada que se dibujaban en su falda y le extendió la mano para que vuelva a acercarse.

Cuando reencontró la suave temperatura de su piel, recordó el aroma de su sexo, el gemir de su compañera y la humedad de sus profundidades. Tuvo una erección y el médico la festejó. Todos sonrieron cómplices. Alicia buscó el roce con su piel. Fue maravilloso para ambos.

El doctor pidió un poco de tiempo ya que todo estaba yendo muy rápido y si bien respondía muy favorablemente, debían tomar precauciones.

 

El médico y la enfermera decidieron regalarles un momento de intimidad. Ella se sentó al borde de su cama. Su pierna izquierda apoyada en la cama y la derecha colgando hacia el piso. Carlos comenzó a acariciar sus piernas y ella disfrutaba del momento que había estado imaginando por meses. Él necesitaba tocarla y llevó sus dedos hasta las bragas. Estaban mojadas. Alicia abrió sus piernas y él comenzó a acariciar sus labios húmedos con dos dedos. Ella solo quería que ese momento sea eterno. Quiso contener su gemido pero se entregó al goce. Carlos penetró a su amada con los dedos. Ella comenzó a explorar bajo las sabanas.

El desenfreno se había adueñado del espacio.

 

___________________________________

Capítulo 11

Golpean la puerta. Rápidamente aunque con torpeza, ambos se recomponen.

Era una enfermera.

“Carlos, tiene una visita”, dice la enfermera.

Entonces, entró la esposa llorando de emoción por haber recibido la noticia que su marido había despertado del coma. Carlos se queda mirando a la emocionada mujer. Frunce el seño.

“Enfermera -dice Carlos. Podría decirle a la señora, a quien no conozco, que no interrumpa?

Y por favor, ponga un cartel en la puerta…necesito privacidad”.

 

 

 

I Love You. by Eduardo Rubin

Logró poner su automóvil en buena velocidad, como para acompañar al pelotón que ya venia transitando aquella cinta asfáltica. Es ese momento de tensión, ya que debes subirte a algo que está en movimiento, pensaba.

En menos de dos minutos el auto que estaba al frente suyo, en el mismo carril, comienza a hacer unos movimientos bruscos en zigzag, como de quien está perdiendo el control y hace maniobras buscando recuperarlo. Aquel automóvil comienza a dar “latigazos” a diestra y siniestra a mucha velocidad. A la derecha de la autovía, un descampado interminable, a la izquierda un carril plagado de autos viajando a velocidad. Desde atrás se podía ver el movimiento pendular entre carriles del automóvil y quienes viajaban a su par, moviéndose para evitar ser embestidos de costado.

Fueron segundos apenas. La ubicación privilegiada que le otorgaba estar tras ese auto, lo ponía en lugar de espectador de lujo.

Tras 10 segundos de ese andar, el auto fue expulsado hacia su derecha, sobre el descampado. Menos mal, pensó, ya que el sentido contrario hubiera sido un bowling de proporciones.

El auto se desplazaba de costado sin control alguno y a alta velocidad sobre un manto verde. Luego golpeó contra una zanja que produjo una acrobacia de 360 grados por el aire. Hasta que fue a dar contra unos escombros y árboles. Una rama de gran porte logró contener el automóvil.

Como si no hubiera reacción alternativa, Sergio frenó en la banquina, así como también lo hizo el automóvil que venia tras él. Ambos bajaron como expulsados de sus asientos hacia la escena para socorrer a la persona accidentada.

Corrió por el descampado hasta llegar al automóvil y reconoció que una rama de árbol ingresaba por el vidrio lateral del conductor y atravesaba el auto hasta incrustarse en el parabrisas delantero, generando un hoyo de proporciones. El motor como apagado.

 

Al volante una señorita. Tendría 25 pensó rápidamente. La rama de árbol que la contuvo, también se encargó de desgarrar parte de su hombro, dejando un trozo en carne viva. La mujer no emitía sonido, pero estaba viva. Sus ojos se movían con rapidez y sus manos estaban como soldadas al volante.

Sergio cogió rápidamente su teléfono y llamó al 911 para pedir ayuda. El ruido de los automóviles circulando en la autopista sin detenerse, hacían bien difícil la comunicación con la operadora.

Cuando viajas por autopista con tus vidrios cerrados, no logras medir el ruido que genera esa tromba motorizada entonando la misma melodía.

La operadora quería mantener a Sergio continuamente en línea para tener un entendimiento de la situación, pero esto no hacia más que ponerlo nervioso ya que él pretendía hacer algo por socorrerla, más allá de llamar a las emergencias. Como podía saber él, si la mujer había injerido algún tipo de droga, si acababa de conocerla?

Sergio intentaba mantener una conversación que la accidentada solo podía contestar con movimientos de sus profundos ojos.

De repente, la joven conductora se desvaneció. Sergio cortó el teléfono. El primer instante fue terrible pensando en que podía haber muerto, pero cuando la tocó se dio cuenta que aun respiraba.

El contacto de la mano en su cara la recompuso. Siempre había pensado que el contacto humano era maravilloso y acababa de ver una demostración gigante de ello.

Los paramédicos no venían y él ya no sabia que hacer. No había pasado tanto tiempo en el mundo real, pero en aquella banquina, en aquel fango, el mundo era otro, es un universo con reglas propias.

 

La señorita volvió a abrir sus ojos marrones pero su piel no lograba salir de ese blanco casi transparente.

Ella miró a Sergio con la mirada bien firme y se quedaron un instante con esa conexión exclusiva. Ella comienza a mover su ojos hacia el costado y abajo. Luego vuelve a mirarlo fijo a los ojos y repite aquella rutina con fuerza en su rostro. El comprendió que había algo que quería comunicarle y siguió con su mirada al punto donde sus ojos lo llevaban.

La blusa de ella se iba tiñendo de color a medida que pasaban los minutos. La hemorragia estaba liberándose.

Decidió concentrarse en el movimiento de sus ojos y descubrió que tenia apretado el teléfono celular en su mano. Quieres que tome el teléfono? Preguntó Sergio. Ella cerró sus dos ojos a la misma vez con un gesto reconfortante.

Con sus dos manos, Sergio tomó la de ella y su teléfono tratándole de transmitirle una sensación de seguridad. Ella correspondió aflojando la mano.

Al tomar el celular en su mano, encontró que las suyas también estaban cubiertas de sangre. Sería de ella, pensó.

En pantalla un mensaje: “I love you” y el botón de “send” que titilaba como esperando ser presionado.

Sergio la mira y encuentra la cara de ella con un tono calmo que él interpretó agradecimiento. Entonces preguntó en voz alta. Este mensaje aun no fue enviado, verdad? Ella asintió con ambos ojos y lo miraba como implorando acción. “Quieres que lo envie?”, preguntó. Entonces se le dibujó una pequeña sonrisa en el rostro.

Sergio tomó el teléfono y mostrándole a ella su pantalla, apretó “send” para mostrarle que estaba cumpliendo con el pedido. El mensaje salió a su destinatario.

 

Ella hizo un suspiro muy profundo. Lo miro a Sergio a los ojos sin pestañar. Y se quedó mirándolo. Petrificada. Inmóvil. Eterna.

 

Silencio. by Eduardo Rubin

Era 17 de Marzo.

Era 1992.

Era el mediodía.

 

Aquel “no sonido” no me lo quitaré nunca de encima. Es como que el aire se hubiera ido. Es un agujero que todo lo succiona. Es la ausencia. La falta. El no-sonido que grita desconsoladamente.

 

Los vidrios estallando sobre mi escritorio y cayendo encima de todo. Encima mío. Eso es el caos. Quedarse inmóvil unos segundos hasta que las desconectadas neuronas comienzan a hacer sinapsis y le dan una explicación a una situación. Afortunadamente las persianas americanas estaban bajas por el calor y el horario. Entonces ellas se encargarían de amortiguar parte de los vidrios.

Las luces del edificio se apagaron y se encendieron las de emergencias. Tomé mi saco como para salir del edificio. Antes recorrí parte del piso para saber si habían otras personas. Me había quedado en la oficina en el horario de almuerzo ya que tenia que terminar unos informes para Aurelio. No encontré a nadie.

 

Al llegar al hall del cuarto piso, estaba el guardia de seguridad diciendo que había alguien atrapado en el ascensor. Logramos escucharnos a través de las herméticas puertas de acero. Era Leticia. Ella pensaba que había sido un corte de luz y por ello estaba atrapada.

Nosotros no sabíamos que había pasado. Pensamos que había habido un atentado en el consulado de Colombia que estaba en el primer piso de nuestro mismo edificio. Pensamos que había sido un atentado de algún cartel de la droga colombiana que quería generar caos o vaya a saber que.

Logramos abrir las puertas del ascensor y ayudar a Leticia a salir. Siempre me da miedo cuando los ascensores quedan entre dos pisos y hay que ayudar a las personas a salir. Pienso que arrancan de repente. No se. Miedos.

Debíamos abandonar el edificio. Pensaba que si el atentado había sido en el consulado colombiano, pasaríamos por allí al bajar las escaleras. Que quizás no era buena idea. Pero tampoco era buena idea quedarse en el edificio. No sabíamos que había pasado.

Salí a la calle Carlos Pellegrini aun sin saber nada de lo que había ocurrido. Me di cuenta que no era en mi propio edificio. Desde la esquina de Arroyo venia todo tipo de ruido y gente ensangrentada.

Pude llegar a la esquina para ver que el lugar donde pasaba cada día y era la embajada de Israel en Argentina había desaparecido. La escena jamás pensada. No pude acercarme mas. No quise. Yo era el tipo de vecino que cada día que pasaba por allí para ir a almorzar, saludaba a los guardias que estaban en la garita que ocupaba parte de la vereda. Nunca supe sus nombre. Nunca.

Volviendo sobre mis pasos ya que no avanzaría por Arroyo, recién ahí veo que los edificios de Cerrito, a mas de 100 metros tenían sus vidrios rotos…la onda expansiva, pensé. Igual que los vidrios de mi oficina hechos añicos por la onda expansiva.

 

Han pasado 25 años sin saber nada. 25 años de mi vida desde que escuché ese “no sonido” que recuerdo perfectamente.

Aquí, en este evento, utilicé una de mis 7 vidas. 22 otras personas utilizaron su última vida. La única. La real.