Lasaña. by Eduardo Rubin

Dicen que el cerebro es un órgano muy potente y que tiene capacidad infinita para conservar información.

Que también tiene habilidad inusitada para ocultar cierta data, cuando una situación traumática extrema se presenta, así como tiene la capacidad de desenterrar información oculta por largo tiempo.

 

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Capitulo 1

 

Era el 29 de febrero y como tantas otras tardes, subido a su auto estaba emprendiendo el camino de regreso a casa. Volver de trabajar nunca era fastidio, ni aún en el denso tránsito. Le gustaba manejar su convertible. Trabajar en Miami y vivir en los suburbios era una decisión fácil de tomar, era como tener lo mejor de dos mundos. Ese abismo entre ambos mundos se tomaba entre 45 y 75 minutos, dependiendo de cuantos accidentes hubiera en el camino.

Solía pensar que el accidente algún día lo tomaría de sorpresa. Que era como un sorteo. Todos los días habían accidentes y se ponía a pensar que algún día los dados tendrían tus números.

 

Iba conduciendo la autovía i95 al norte, luego de un buen día de trabajo.

El tráfico se detuvo levemente. Seguido de pequeños avances y grandes detenciones. Luego una detención total.

El clima hace que nadie salga de su burbuja de aire acondicionado. Todos usando sus teléfonos inteligentes, buscando información, comunicándose con el universo circundante y matando el tiempo. Cada vez que había una detención importante pensaba en un libro que leyó cuando joven: “La autopista del Sur” de Julio Cortázar. Eso lo llevaba a mirar a los autos de alrededor, pensando que como en el cuento, pasaría horas primero y días después con esa gente. Se reía de solo pensar en esa convivencia.

 

Miraba su teléfono. Buscaba en tweeter el intercambio con algún ser cercano, pero lejano. Abrió su Instagram. Aprovechó su falta de techo para tomar fotos del cielo. Las publicó. Esperó la aceptación de su imagen...algún seguidor que la comente. Esperaba que esa imagen del cielo llame la atención de una persona en especial.

De repente cambió el sonido del aire. Como una falta de sonido. Como un vacío. Miró hacia los costados. Nadie avanzaba. La gente hablaba por teléfono, tomaba sus bebidas. Se comenzaron a escuchar ruidos de motores que ocupaban todo el espectro de sonido. Imponente. Majestuoso. Metálico. Omnipresente. Cada vez más cerca. Más agudo. Logró reconocer sonido a turbina de avión. El aire era sonido. Imposible de tolerar. El avión se agigantaba en la visión y no llegaba a darse cuenta qué estaba ocurriendo. No sabia si el avión se venía encima o estaba haciendo una maniobra arriesgada para entrar en el aeropuerto cuya pista era aledaña a la autopista.

El sonido era insoportable.

Algunos con sus vidrios cerrados y su música alta o sus conversaciones telefónicas no conectaban con la situación que estaba ocurriendo. Los otros, los que llegaron a entender de la peligrosidad, comenzaron a desabrochar sus cinturones y abrir sus puertas para salir. Hacia donde?

Todo era sonido. Pensé en tomar una foto ya que siempre pensé que bueno seria una toma de un avión bien de cerca aterrizando.

La cabeza va tan rápido que también hay tiempo para pensar en ello, pero no para actuar en consecuencia.

 

Un avión se estaba cayendo sobre una autopista repleta de autos parados. Una trampa sin salida del destino. El sonido le ponía a la escena todo el terror posible. Es evidente que solo faltaban segundos. La vida se estaba terminando. El avión que debía pasar por sobre la autopista, pierde altura. El terror se presiente.

 

Liberó su cinturón de seguridad que en ese momento solo era parte del plan conspirador, abrió la puerta del auto -desde sus cálculos visuales, el avión pasará por adelante- y se dispuso a correr hacia atrás.

Al salir reaccionó que dejó todo en el auto, documentos, teléfono, bolso, todo. Pensó en volver sobre sus pasos para recoger el teléfono al menos pero una marea humana se lo impidió. No tuvo más remedio que correr con todos.

 

Ensordecedores redoblantes esquizofrénicos sonaban en el aire. Una banda desatada sin dirección que exclamaba gritos viscerales.

Cayó al piso en esa carrera ridícula. Lo pisan y le pasan por encima. Perdió perspectiva. No pudo ver más el avión....desde el piso solo se ve gente corriendo y cubiertas de autos.

Más ruidos. Indescriptible sonido a turbina, metales y gritos humanos. Todo comienza a fundirse.

 

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Capítulo 2

Un hombre común, sin pertenencias. Su rostro tenía un gesto adusto y desencajado. Hablaba un dialecto que ya poco se escuchaba...el idish. Ese dialecto era la lengua que hablaban dos generaciones atrás los judíos que vivían en la Europa Oriental. Era inútil hablarle otro idioma, él miraba con extrañeza y contestaba en aquel dialecto.

Pasó días viviendo en las calles y alimentándose de lo que conseguía. Fue socializando con el vecindario muy de a poco por la dificultad idiomática. Nadie sabia como había llegado allí.

Fue así que conoció a una familia de inmigrantes rusos, que si bien no hablaban idish, ambas lenguas comparten la misma raíz idiomática y comenzaron a comunicarse. Le terminaron ofreciendo vivienda y trabajo en su taller de marcos. El tenía cierta habilidad manual. Lo más llamativo era que no podía responder ninguna pregunta acerca de su pasado. Tenía un blanco formidable, como una cortina que todo tapaba.

Se comunicaron con todas las personas que tenían alguna vinculación con aquella lengua para poder encontrarle a este hombre su pasado.

A medida que fue pasando el tiempo fue bienvenido como parte de la familia. Siempre se preguntaban, como era que no estaba siendo buscado...pero a su vez, un hombre bien parecido, sin impedimentos físicos aparentes y dispuesto a trabajar por casa y comida, no era una oportunidad que dejarían escapar.

 

El matrimonio de inmigrantes rusos tenía unos 60 años y sus hijas, 30 y 26. Fueron ellas las que se esforzaron por establecer el vínculo con este hombre, sin pasado, sin nombre.

Lo llamaron Daniel. Era un nombre que podía funcionar en muchos idiomas, decían.

A Daniel pronto se le pasaron las preocupaciones, tenía donde vivir, donde comer, un buen trabajo y dos hermosas mujeres que peleaban por su atención, Sofía y Salma.

Muchas eran las oportunidades en que percibía que algo le estaba faltando. Su página en blanco. Sabía que no pertenecía a ese mundo pero fuera de él todo era incertidumbre y miedo. Pasaba meses sin salir de la rutina de trabajar en el taller -ubicado en el fondo de la casa- aparte de comer, bañarse, dormir...y alguna siesta con alguna de las hermanas que lo ayudaban a satisfacer sus deseos mas primitivos.

Ellas lo tenían como objeto sexual y no dejaban que nadie lo conozca de afuera de su familia...una especie de “no sea cosa que alguien lo reconozca y se lo lleve”. El a su vez se estregaba a la situación que le resultaba muy placentera y le permitía mitigar el desconcierto que le producía no conocer nada de su pasado.

 

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Capítulo 3

Llevó cerca de dos semanas que levanten de la autopista los restos de metal retorcido, mezcla de automóviles y avión.

Fue dantesco el trabajo y muchos los voluntarios que buscaban restos humanos entre los escombros. Alguna pista, algo que le indique a familiares que había pasado con sus seres queridos.

Durante todo ese tiempo no se permitió a nadie acercarse a ese Ground Cero. Era imposible y los cientos de rescatistas que trabajan allí, terminaban sus jornadas exhaustos y llenos de imágenes que les hacían imposible la vida.

El primer día aparecieron 74 personas con golpes y contusiones en todo el cuerpo, contando sus historias a cuanto micrófono se les pusiera por delante.

El segundo día aparecieron 14. Ya algo extraviados. Algunos con serios problemas de percepción del espacio y el tiempo.

Rodrigo, miraba atentamente a su teléfono pensando en que finalmente lo llamaría. El mismo teléfono donde conservaba un mensaje recibido de su padre: “no dejes de perseguir tu sueño”.

 

Visitaron cada hospital en busca de noticias y conforme pasaban los días no había manera de encontrar consuelo.

El tercer día apareció el auto entre todos los escombros. Retorcido. Casi sin forma. Pero la misma tragedia guardaba una buena noticia: no había ningún indicio de su cuerpo. Habría logrado escapar? Estaría accidentado en algún lugar de la ciudad? O desorientado quizás?

El tercer día aparecieron 2 personas que se sumaron a la lista de sobrevivientes y junto con ellos nuevas esperanzas.

Los siguientes días fueron una tortura. Sin novedades. Cada vez con menos fuerzas.

Los investigadores explicaron que cuando explotó el combustible del ala, muchas fueron las víctimas que terminaron calcinadas haciendo imposible la identificación.

Los meses que siguieron fueron un agónico calvario.

 

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Capítulo 4

En su intento por incorporarse a la vida normal, fue estudiando inglés. Aún así tenía una actitud fóbica respecto del afuera de su nueva casa. Tampoco miraba mucha TV ya que lo enfrentaba con lo desconocido.

Cuando se cumplieron seis meses del accidente, en el canal de noticias comenzaron a dar un informe. La angustia que le produjo fue desproporcionada y en su nueva familia ataron cabos.

 

Las mujeres de la casa comenzaron a vivir con temor ante la posibilidad que el proceso se revierta y en consecuencia ellas pierdan lo que habían conseguido.

Montaron un plan entonces. Comenzarían una nueva historia con ese hombre al que llamaron Daniel, alejando la posibilidad de ser reconocido en algún momento o que algún hecho casual encendiera alguna alarma. Le propusieron entonces a los padres abrir una sucursal del negocio familiar en Alaska. Pareciera que el único organizador de ese emprendimiento era alejar lo mas posible al hombre de cualquier pasado posible.

 

Cinco meses después estaban abriendo su local en Alaska, conjuntamente con la vivienda que compartían los tres: Salma, Sofía y Daniel.

Lo que sigue fueron meses de alegría y aprendizaje. En Alaska tenían una vida muy entretenida y alternaban las salidas con el trabajo. Ellas nunca lo dejaban solo. El mundo para él era ese, tenía dos esposas que adoraban su compañía, trabajaban juntos y disfrutaban, el negocio funcionaba bien y tenían una vida social restringida, a no ser por la gente que ingresaba al comercio.

 

Daniel percibía con frecuencia una conversación extraña entre las hermanas, algo que le ocultaban. Pero sinceramente, él no podía pensar en nada más que agradecimiento y por ello pagaba con muy intensas sesiones de sexo.

Quién podía decirle que era la normalidad y que estaba fuera de ello? Sin interlocutores fuera del trío y sin posibilidad de recurrir a imágenes del pasado, la normalidad era esa vida tan intensamente llevada.

 

 

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Capítulo 5

 

Cuando terminó su escuela culinaria, no quiso seguir estudiando ya que se sentía capacitado para trabajar en una cocina. De su padre había heredado esa pasión y se había capacitado para llevarlo adelante profesionalmente.

Cuando Juan vivía con ellos, fantaseaban con la idea del restaurante familiar. Cada uno tendría un rol. El restaurante, que se llamaría “Cita a Ciegas”, era el sueño de tener un proyecto donde trabajar juntos. El nombre atendía la idea de que el comensal tendría una cita a ciegas con su plato de comida...el chef, luego de una charla con el comensal, le traería a la mesa el plato que satisfaga el deseo de aquel cliente. Era un restaurante a la carta, pero donde la carta sería manejada solo por el chef.

 

El dinero que recibieron de parte de la línea aérea por la pérdida de Juan se convertiría entonces en la herramienta para cumplimentar un sueño que tuvieron juntos, padre e hijo. Y si bien Rodrigo sabia que sería un camino bien duro, era lo que debía hacer. Aun habiendo recibido propuestas de grandes restaurantes para incorporarlo al staff, él sentía que tenía un cometido...un llamado interior...y que debía hacerlo. La ayuda y el aliento de su madre fue fundamental para lograrlo.

 

Fue así como abrieron Cita a Ciegas, un pequeño restaurante que rápidamente cobró notoriedad.

Rodrigo disfrutaba de la conversación con los clientes y en lograr establecer el mejor menú posible para cumplimentar sus deseos. Tuvo que incorporar ayudantes y cuando el restaurante estaba completo, en oportunidades enviaba a uno de ellos a mantener la conversación con los comensales para entender sus preferencias. Era una manera de ir ordenando el trabajo de la cocina e ir generando una escuela en la disciplina de Cita a Ciegas.

 

El trabajo en el restaurante era magnifico, aunque sacrificado. En un lugar privilegiado de su cocina se podía leer la frase: “No dejes de perseguir tu sueño”.

 

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Capítulo 6

 

Las discusiones entre las hermanas eran cada vez más frecuentes y como él solo se limitaba a intervenir en lo que le compartían, se encontraba al margen de aquellos problemas.

 

Finalmente, una noche se confesaron. Los padres, en la Florida, habían enfermado y no había forma de que se recuperen. Una de ellas tenia que viajar de vuelta para atenderlos y cuidarlos. Ahí fue que Daniel entendió cual era la discusión entre ellas. Si debían volver los tres, o solo una y en ese caso, quién iría.

 

Parecía que la charla daba un espacio para que Daniel elija con quien quedarse. Pensaba que le estaban consultando, y mientras pensaba con quien tenía mejor piel, fue Sofía quien dijo que al día siguiente, se estaría volviendo y lo dejaría en manos de Salma.

Fue un alivio.

 

Daniel y Sofía no se despegaron ni un momento hasta su partida.

 

Los días que siguieron fueron de mucho silencio.

 

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Capítulo 7

 

Luego de dos años y que los padres seguían sin poder sobreponerse a la enfermedad, Salma y Daniel decidieron volver a Florida para dar soporte y ayudar a tomar decisiones.

Cerraron el local en Alaska, pensando en que volverían una vez pasado ese invierno y emprendieron a la Florida.

 

El encuentro con Sofía fue estremecedor! Lloraron y se abrazaron. Las emociones eran gigantes.

Los padres no mejoraban y tampoco empeoraban. El plan era atender el local de Florida durante el verano, dar soporte a los padres y las incógnitas se quedan todas juntas esperando para el momento en que termine la temporada y haya que separarse nuevamente; vaya uno a saber como.

 

Para festejar el reencuentro, Sofía hizo una reserva para cenar. Con tantas emociones podrían haber comido en cualquier lugar pero ella sabia de la afición de Daniel por la comida bien elaborada.

 

Era una noche especial. Era el reencuentro.

Con los ojos llenos de lagrimas y abrazados caminaron los tres juntos para llegar al restaurante.

Sofía se había preparado para esa noche muy especialmente. Estaba hermosa. Salma estaba más casual, se notaba que había pasado los últimos dos años, sin competencia.

 

Al llegar al restaurante, tenían su mesa reservada. Un ambiente muy íntimo sea por la iluminación como por la música.

A los minutos de estar sentados, se acercó a la mesa un Chef, se presentó y comenzó a mantener una conversación con los tres. Que estaban festejando?, preguntó el joven Chef. Las respuestas guardaban cierto nerviosismo. Y ahí se comenzó a hablar de gustos por la comida, tradiciones, puntos de cocción y con esa información, el Chef ordenó el vino y se dirigió a la cocina para comenzar a preparar los manjares.

 

Los tres tenían una conversación intensa, emocionante.

 

Recibieron el primer plato. Una ensalada de verdes con mollejas calientes y mostaza con miel. El sabor era celestial. Increíble. Exquisito. Daniel no sabía cuanto de sus emociones estaban atados al encuentro y cuantas a ese plato tan increíblemente logrado. Lloró sobre la mesa. Fue extraño. Se besaron los tres. Lloraron.

 

Para plato principal, les sirvieron una lasaña con carne y verduras.

Al probarla, Daniel estalló en llanto. Sin entender que ocurría comenzó a pronunciar palabras en español. Estaba temblando y nadie sabia que estaba ocurriendo.

Primero pensaron que algo estaba mal con su plato. Sin poder dejar de llorar Daniel acumulaba palabras sin sentido en idish, ingles y español...

Emocionado como nunca, las chicas trataron de contenerlo. él no quería ser contenido. Necesitaba descargar. Ese sabor tan mágicamente logrado, lo hubo transportado vaya uno a saber donde. Casi diría que lo había generado él mismo.

Sin poder parar de llorar, pidió conocer al Chef que creó esa lasaña. Desconsoladamente esperaba. De pronto, de la cocina aparece el joven Chef, hermoso, esbelto, de anteojos y dentadura perfecta.

 

Se quedaron petrificados uno frente al otro, a dos metros de distancia…y lloraron al abrazarse.