Lasaña. by Eduardo Rubin

Dicen que el cerebro es un órgano muy potente y que tiene capacidad infinita para conservar información.

Que también tiene habilidad inusitada para ocultar cierta data, cuando una situación traumática extrema se presenta, así como tiene la capacidad de desenterrar información oculta por largo tiempo.

 

_______________________________________

Capitulo 1

 

Era el 29 de febrero y como tantas otras tardes, subido a su auto estaba emprendiendo el camino de regreso a casa. Volver de trabajar nunca era fastidio, ni aún en el denso tránsito. Le gustaba manejar su convertible. Trabajar en Miami y vivir en los suburbios era una decisión fácil de tomar, era como tener lo mejor de dos mundos. Ese abismo entre ambos mundos se tomaba entre 45 y 75 minutos, dependiendo de cuantos accidentes hubiera en el camino.

Solía pensar que el accidente algún día lo tomaría de sorpresa. Que era como un sorteo. Todos los días habían accidentes y se ponía a pensar que algún día los dados tendrían tus números.

 

Iba conduciendo la autovía i95 al norte, luego de un buen día de trabajo.

El tráfico se detuvo levemente. Seguido de pequeños avances y grandes detenciones. Luego una detención total.

El clima hace que nadie salga de su burbuja de aire acondicionado. Todos usando sus teléfonos inteligentes, buscando información, comunicándose con el universo circundante y matando el tiempo. Cada vez que había una detención importante pensaba en un libro que leyó cuando joven: “La autopista del Sur” de Julio Cortázar. Eso lo llevaba a mirar a los autos de alrededor, pensando que como en el cuento, pasaría horas primero y días después con esa gente. Se reía de solo pensar en esa convivencia.

 

Miraba su teléfono. Buscaba en tweeter el intercambio con algún ser cercano, pero lejano. Abrió su Instagram. Aprovechó su falta de techo para tomar fotos del cielo. Las publicó. Esperó la aceptación de su imagen...algún seguidor que la comente. Esperaba que esa imagen del cielo llame la atención de una persona en especial.

De repente cambió el sonido del aire. Como una falta de sonido. Como un vacío. Miró hacia los costados. Nadie avanzaba. La gente hablaba por teléfono, tomaba sus bebidas. Se comenzaron a escuchar ruidos de motores que ocupaban todo el espectro de sonido. Imponente. Majestuoso. Metálico. Omnipresente. Cada vez más cerca. Más agudo. Logró reconocer sonido a turbina de avión. El aire era sonido. Imposible de tolerar. El avión se agigantaba en la visión y no llegaba a darse cuenta qué estaba ocurriendo. No sabia si el avión se venía encima o estaba haciendo una maniobra arriesgada para entrar en el aeropuerto cuya pista era aledaña a la autopista.

El sonido era insoportable.

Algunos con sus vidrios cerrados y su música alta o sus conversaciones telefónicas no conectaban con la situación que estaba ocurriendo. Los otros, los que llegaron a entender de la peligrosidad, comenzaron a desabrochar sus cinturones y abrir sus puertas para salir. Hacia donde?

Todo era sonido. Pensé en tomar una foto ya que siempre pensé que bueno seria una toma de un avión bien de cerca aterrizando.

La cabeza va tan rápido que también hay tiempo para pensar en ello, pero no para actuar en consecuencia.

 

Un avión se estaba cayendo sobre una autopista repleta de autos parados. Una trampa sin salida del destino. El sonido le ponía a la escena todo el terror posible. Es evidente que solo faltaban segundos. La vida se estaba terminando. El avión que debía pasar por sobre la autopista, pierde altura. El terror se presiente.

 

Liberó su cinturón de seguridad que en ese momento solo era parte del plan conspirador, abrió la puerta del auto -desde sus cálculos visuales, el avión pasará por adelante- y se dispuso a correr hacia atrás.

Al salir reaccionó que dejó todo en el auto, documentos, teléfono, bolso, todo. Pensó en volver sobre sus pasos para recoger el teléfono al menos pero una marea humana se lo impidió. No tuvo más remedio que correr con todos.

 

Ensordecedores redoblantes esquizofrénicos sonaban en el aire. Una banda desatada sin dirección que exclamaba gritos viscerales.

Cayó al piso en esa carrera ridícula. Lo pisan y le pasan por encima. Perdió perspectiva. No pudo ver más el avión....desde el piso solo se ve gente corriendo y cubiertas de autos.

Más ruidos. Indescriptible sonido a turbina, metales y gritos humanos. Todo comienza a fundirse.

 

_______________________________________

Capítulo 2

Un hombre común, sin pertenencias. Su rostro tenía un gesto adusto y desencajado. Hablaba un dialecto que ya poco se escuchaba...el idish. Ese dialecto era la lengua que hablaban dos generaciones atrás los judíos que vivían en la Europa Oriental. Era inútil hablarle otro idioma, él miraba con extrañeza y contestaba en aquel dialecto.

Pasó días viviendo en las calles y alimentándose de lo que conseguía. Fue socializando con el vecindario muy de a poco por la dificultad idiomática. Nadie sabia como había llegado allí.

Fue así que conoció a una familia de inmigrantes rusos, que si bien no hablaban idish, ambas lenguas comparten la misma raíz idiomática y comenzaron a comunicarse. Le terminaron ofreciendo vivienda y trabajo en su taller de marcos. El tenía cierta habilidad manual. Lo más llamativo era que no podía responder ninguna pregunta acerca de su pasado. Tenía un blanco formidable, como una cortina que todo tapaba.

Se comunicaron con todas las personas que tenían alguna vinculación con aquella lengua para poder encontrarle a este hombre su pasado.

A medida que fue pasando el tiempo fue bienvenido como parte de la familia. Siempre se preguntaban, como era que no estaba siendo buscado...pero a su vez, un hombre bien parecido, sin impedimentos físicos aparentes y dispuesto a trabajar por casa y comida, no era una oportunidad que dejarían escapar.

 

El matrimonio de inmigrantes rusos tenía unos 60 años y sus hijas, 30 y 26. Fueron ellas las que se esforzaron por establecer el vínculo con este hombre, sin pasado, sin nombre.

Lo llamaron Daniel. Era un nombre que podía funcionar en muchos idiomas, decían.

A Daniel pronto se le pasaron las preocupaciones, tenía donde vivir, donde comer, un buen trabajo y dos hermosas mujeres que peleaban por su atención, Sofía y Salma.

Muchas eran las oportunidades en que percibía que algo le estaba faltando. Su página en blanco. Sabía que no pertenecía a ese mundo pero fuera de él todo era incertidumbre y miedo. Pasaba meses sin salir de la rutina de trabajar en el taller -ubicado en el fondo de la casa- aparte de comer, bañarse, dormir...y alguna siesta con alguna de las hermanas que lo ayudaban a satisfacer sus deseos mas primitivos.

Ellas lo tenían como objeto sexual y no dejaban que nadie lo conozca de afuera de su familia...una especie de “no sea cosa que alguien lo reconozca y se lo lleve”. El a su vez se estregaba a la situación que le resultaba muy placentera y le permitía mitigar el desconcierto que le producía no conocer nada de su pasado.

 

_______________________________________

Capítulo 3

Llevó cerca de dos semanas que levanten de la autopista los restos de metal retorcido, mezcla de automóviles y avión.

Fue dantesco el trabajo y muchos los voluntarios que buscaban restos humanos entre los escombros. Alguna pista, algo que le indique a familiares que había pasado con sus seres queridos.

Durante todo ese tiempo no se permitió a nadie acercarse a ese Ground Cero. Era imposible y los cientos de rescatistas que trabajan allí, terminaban sus jornadas exhaustos y llenos de imágenes que les hacían imposible la vida.

El primer día aparecieron 74 personas con golpes y contusiones en todo el cuerpo, contando sus historias a cuanto micrófono se les pusiera por delante.

El segundo día aparecieron 14. Ya algo extraviados. Algunos con serios problemas de percepción del espacio y el tiempo.

Rodrigo, miraba atentamente a su teléfono pensando en que finalmente lo llamaría. El mismo teléfono donde conservaba un mensaje recibido de su padre: “no dejes de perseguir tu sueño”.

 

Visitaron cada hospital en busca de noticias y conforme pasaban los días no había manera de encontrar consuelo.

El tercer día apareció el auto entre todos los escombros. Retorcido. Casi sin forma. Pero la misma tragedia guardaba una buena noticia: no había ningún indicio de su cuerpo. Habría logrado escapar? Estaría accidentado en algún lugar de la ciudad? O desorientado quizás?

El tercer día aparecieron 2 personas que se sumaron a la lista de sobrevivientes y junto con ellos nuevas esperanzas.

Los siguientes días fueron una tortura. Sin novedades. Cada vez con menos fuerzas.

Los investigadores explicaron que cuando explotó el combustible del ala, muchas fueron las víctimas que terminaron calcinadas haciendo imposible la identificación.

Los meses que siguieron fueron un agónico calvario.

 

_______________________________________

Capítulo 4

En su intento por incorporarse a la vida normal, fue estudiando inglés. Aún así tenía una actitud fóbica respecto del afuera de su nueva casa. Tampoco miraba mucha TV ya que lo enfrentaba con lo desconocido.

Cuando se cumplieron seis meses del accidente, en el canal de noticias comenzaron a dar un informe. La angustia que le produjo fue desproporcionada y en su nueva familia ataron cabos.

 

Las mujeres de la casa comenzaron a vivir con temor ante la posibilidad que el proceso se revierta y en consecuencia ellas pierdan lo que habían conseguido.

Montaron un plan entonces. Comenzarían una nueva historia con ese hombre al que llamaron Daniel, alejando la posibilidad de ser reconocido en algún momento o que algún hecho casual encendiera alguna alarma. Le propusieron entonces a los padres abrir una sucursal del negocio familiar en Alaska. Pareciera que el único organizador de ese emprendimiento era alejar lo mas posible al hombre de cualquier pasado posible.

 

Cinco meses después estaban abriendo su local en Alaska, conjuntamente con la vivienda que compartían los tres: Salma, Sofía y Daniel.

Lo que sigue fueron meses de alegría y aprendizaje. En Alaska tenían una vida muy entretenida y alternaban las salidas con el trabajo. Ellas nunca lo dejaban solo. El mundo para él era ese, tenía dos esposas que adoraban su compañía, trabajaban juntos y disfrutaban, el negocio funcionaba bien y tenían una vida social restringida, a no ser por la gente que ingresaba al comercio.

 

Daniel percibía con frecuencia una conversación extraña entre las hermanas, algo que le ocultaban. Pero sinceramente, él no podía pensar en nada más que agradecimiento y por ello pagaba con muy intensas sesiones de sexo.

Quién podía decirle que era la normalidad y que estaba fuera de ello? Sin interlocutores fuera del trío y sin posibilidad de recurrir a imágenes del pasado, la normalidad era esa vida tan intensamente llevada.

 

 

_______________________________________

Capítulo 5

 

Cuando terminó su escuela culinaria, no quiso seguir estudiando ya que se sentía capacitado para trabajar en una cocina. De su padre había heredado esa pasión y se había capacitado para llevarlo adelante profesionalmente.

Cuando Juan vivía con ellos, fantaseaban con la idea del restaurante familiar. Cada uno tendría un rol. El restaurante, que se llamaría “Cita a Ciegas”, era el sueño de tener un proyecto donde trabajar juntos. El nombre atendía la idea de que el comensal tendría una cita a ciegas con su plato de comida...el chef, luego de una charla con el comensal, le traería a la mesa el plato que satisfaga el deseo de aquel cliente. Era un restaurante a la carta, pero donde la carta sería manejada solo por el chef.

 

El dinero que recibieron de parte de la línea aérea por la pérdida de Juan se convertiría entonces en la herramienta para cumplimentar un sueño que tuvieron juntos, padre e hijo. Y si bien Rodrigo sabia que sería un camino bien duro, era lo que debía hacer. Aun habiendo recibido propuestas de grandes restaurantes para incorporarlo al staff, él sentía que tenía un cometido...un llamado interior...y que debía hacerlo. La ayuda y el aliento de su madre fue fundamental para lograrlo.

 

Fue así como abrieron Cita a Ciegas, un pequeño restaurante que rápidamente cobró notoriedad.

Rodrigo disfrutaba de la conversación con los clientes y en lograr establecer el mejor menú posible para cumplimentar sus deseos. Tuvo que incorporar ayudantes y cuando el restaurante estaba completo, en oportunidades enviaba a uno de ellos a mantener la conversación con los comensales para entender sus preferencias. Era una manera de ir ordenando el trabajo de la cocina e ir generando una escuela en la disciplina de Cita a Ciegas.

 

El trabajo en el restaurante era magnifico, aunque sacrificado. En un lugar privilegiado de su cocina se podía leer la frase: “No dejes de perseguir tu sueño”.

 

_______________________________________

Capítulo 6

 

Las discusiones entre las hermanas eran cada vez más frecuentes y como él solo se limitaba a intervenir en lo que le compartían, se encontraba al margen de aquellos problemas.

 

Finalmente, una noche se confesaron. Los padres, en la Florida, habían enfermado y no había forma de que se recuperen. Una de ellas tenia que viajar de vuelta para atenderlos y cuidarlos. Ahí fue que Daniel entendió cual era la discusión entre ellas. Si debían volver los tres, o solo una y en ese caso, quién iría.

 

Parecía que la charla daba un espacio para que Daniel elija con quien quedarse. Pensaba que le estaban consultando, y mientras pensaba con quien tenía mejor piel, fue Sofía quien dijo que al día siguiente, se estaría volviendo y lo dejaría en manos de Salma.

Fue un alivio.

 

Daniel y Sofía no se despegaron ni un momento hasta su partida.

 

Los días que siguieron fueron de mucho silencio.

 

_______________________________________

Capítulo 7

 

Luego de dos años y que los padres seguían sin poder sobreponerse a la enfermedad, Salma y Daniel decidieron volver a Florida para dar soporte y ayudar a tomar decisiones.

Cerraron el local en Alaska, pensando en que volverían una vez pasado ese invierno y emprendieron a la Florida.

 

El encuentro con Sofía fue estremecedor! Lloraron y se abrazaron. Las emociones eran gigantes.

Los padres no mejoraban y tampoco empeoraban. El plan era atender el local de Florida durante el verano, dar soporte a los padres y las incógnitas se quedan todas juntas esperando para el momento en que termine la temporada y haya que separarse nuevamente; vaya uno a saber como.

 

Para festejar el reencuentro, Sofía hizo una reserva para cenar. Con tantas emociones podrían haber comido en cualquier lugar pero ella sabia de la afición de Daniel por la comida bien elaborada.

 

Era una noche especial. Era el reencuentro.

Con los ojos llenos de lagrimas y abrazados caminaron los tres juntos para llegar al restaurante.

Sofía se había preparado para esa noche muy especialmente. Estaba hermosa. Salma estaba más casual, se notaba que había pasado los últimos dos años, sin competencia.

 

Al llegar al restaurante, tenían su mesa reservada. Un ambiente muy íntimo sea por la iluminación como por la música.

A los minutos de estar sentados, se acercó a la mesa un Chef, se presentó y comenzó a mantener una conversación con los tres. Que estaban festejando?, preguntó el joven Chef. Las respuestas guardaban cierto nerviosismo. Y ahí se comenzó a hablar de gustos por la comida, tradiciones, puntos de cocción y con esa información, el Chef ordenó el vino y se dirigió a la cocina para comenzar a preparar los manjares.

 

Los tres tenían una conversación intensa, emocionante.

 

Recibieron el primer plato. Una ensalada de verdes con mollejas calientes y mostaza con miel. El sabor era celestial. Increíble. Exquisito. Daniel no sabía cuanto de sus emociones estaban atados al encuentro y cuantas a ese plato tan increíblemente logrado. Lloró sobre la mesa. Fue extraño. Se besaron los tres. Lloraron.

 

Para plato principal, les sirvieron una lasaña con carne y verduras.

Al probarla, Daniel estalló en llanto. Sin entender que ocurría comenzó a pronunciar palabras en español. Estaba temblando y nadie sabia que estaba ocurriendo.

Primero pensaron que algo estaba mal con su plato. Sin poder dejar de llorar Daniel acumulaba palabras sin sentido en idish, ingles y español...

Emocionado como nunca, las chicas trataron de contenerlo. él no quería ser contenido. Necesitaba descargar. Ese sabor tan mágicamente logrado, lo hubo transportado vaya uno a saber donde. Casi diría que lo había generado él mismo.

Sin poder parar de llorar, pidió conocer al Chef que creó esa lasaña. Desconsoladamente esperaba. De pronto, de la cocina aparece el joven Chef, hermoso, esbelto, de anteojos y dentadura perfecta.

 

Se quedaron petrificados uno frente al otro, a dos metros de distancia…y lloraron al abrazarse.

Coma. by Eduardo Rubin

_________________________________________________________

Que es lo último que recuerdas cuando ya no recuerdas?

 

Que poder tiene tu mente para construir una historia en minutos?

_________________________________________________________

Capítulo 1

 

Suena el despertador.

Comienza la rutina. Un pis. Lavarse los dientes y la cara. Preparar desayunos, alistar a los niños, besar a la esposa, bañarse, cambiarse, desayunar, ajustarse la corbata, llevar el maletín y salir a enfrentar el día. Llevar a los niños a la escuela, que saluden a su madre antes de salir. Enfrentar el tráfico de la cercanía con la escuela. Esperar en línea para que los niños bajen frente al portal y enfrenten ellos sus desafíos. Un beso y....que tengan muy buen día!

Luego a encarar la autopista....aquella cinta asfáltica capaz de llevarte a tu destino diario o final.

 

___________________________________

Capítulo 2

Su rutina diaria le imponía unos 75 minutos diarios arriba del auto. Eso le daba tiempo infinito para recurrir a los pensamientos más divergentes. Entre esos pensamientos, siempre tenía presente la posibilidad de un accidente. Solía pensar que era un juego de azar y que algún día el accidente podría caer sobre su camino. A pesar de pensarlo cada día, hacia un rápido esfuerzo por alejarlo de su pensamiento, para no atraerlo.

 

Carlos jugaba con su frondosa imaginación, y eso le permitía transitar el viaje lejos de la monotonía.

Uno de sus juegos mentales preferidos era mirar a las personas de cada auto e imaginar sus historias. El momento ideal para jugar a ello es cuando estás atascado en el tránsito, ya que ves mucho más claro la actitud frente a la situación y por otro lado, tienes más tiempo para involucrarte, pensaba.

 

A la izquierda un hombre de traje color café, de solapa de otra época y fumando cigarrillos mientras mantenía sus ventanillas cerradas a excepción de una hendija de un centímetro por donde expulsaba los restos humeantes de su horrible mañana.

Ya nada tiene sentido, pensaba. Fumemos hasta que todo acabe, pero a su vez la hendija le aseguraba una agónica jornada. Su traje color café, seguramente escondía una cuántas manchas de oficinas mal iluminadas y de dudosa limpieza. Su ropa destilaba olores.

Cuando logró “desprenderse” del señor del cigarro, en su radar apareció en primer plano unos stickers que avisaba con total claridad cuál era la situación familiar. Papá, mamá, abuelito, nena, nena, nene, gato y perro. Pensaba que no habría mucho lugar para imaginar nada, hasta que se adelantó y descubrió al conductor. Su cara hablaba mucho más de su carencia que de su abundancia. Lo miraba tomando su café en su vaso especial de viaje e imaginaba que había mezclado whisky en él, para ir ahogando sus penas a la vista de todo el mundo.

 

Mientras pensaba en lo peligroso de aquel conductor, ella se adelantó sobre su derecha...imposible que pase inadvertida.

 

___________________________________

Capítulo 3

Pasaba relativamente rápido, sin embargo pudo hacerse de una instantánea bien clara.

Sus cabellos pelirrojos al viento, sus labios carnosos, sus manos perfectas tomando el volante con fuerza. No pudo sacarle la vista de encima. Era un imán de piel tersa.

Se pusieron a la par, Carlos se esforzaba para que así sea. Ella gira su cabeza y le regala una preciosa sonrisa de dientes perfectos y blancos. Él sintió ese gesto como una dulce provocación.

 

De repente su mente hizo lugar para comenzar a imaginar y mientras avanzaban sincronizadamente imaginó que la conoció cuando eran pequeños, en el colegio. Que le gustaba mucho ya que era una nena divina. Pero durante años no se vieron, hasta que volvieron a encontrarse por casualidad, en la calle. Ambos quedaron muy emocionados y sobresaltados con ese encuentro y se besaron. Su boca era de miel, al igual que el color de sus ojazos. Imaginó Viajes por Europa así como sus primeras vacaciones juntos en la playa, donde descubrió cuanto adoraba su cuerpo trabajado en el gimnasio. Y sus pies, por favor, que bellos.

 

Se atrevió a bajar el vidrio y ahí volvió a descubrir su mirada profunda. “Hola!”-se animó. “Hola”, respondió ella con una voz áspera que tanto lo provocaba. “Me llamo Carlos gritó”....ella simplemente dijo, “Alicia”. Los dos volvieron a mirar al frente, sabiendo que ya había entre ambos autos un canal virtual de comunicación.

Imaginó cuanto disfrutaban del sexo y que les resultaba casi imposible pasar tiempo juntos sin tener contacto sexual. La escuchaba gemir. Percibió cuanto lo excitaba este pensamiento por el sudor, las palpitaciones y su erección.

Volvió a mirarla y ella, mientras lo miraba a los ojos, se desprendió tan solo un botón en su camisa, dejando que sus pechos ocupen un espacio en la formidable escena.

 

___________________________________

Capítulo 4

Imaginó el sabor de sus besos en la mañana, aquellos dados solo por amor y apasionadamente. Imaginó la temperatura de su piel blanca...era tibia y dulce. Imaginó el sabor de sus genitales....era provocador y embriagante. Irremediablemente, mientras pensaba en ello estaba muy excitado. Es que estaba sintiendo, más que imaginando.

Reconoció el sonido de sus gemidos...suaves. Y su manera de entregarse al sexo desenfrenado.

Él miraba las manos de Alicia al volante e imaginaba vívidamente esas manos en su cuerpo, entregándole placer...su boca...su cuerpo todo. Y cuando todo logró confundirse en su mente, las sensaciones físicas, sus jadeos en el oído, sus genitales se hinchaban y su aroma inundaba los sentidos. Ella se agarraba con fuerza y la penetración era perfecta y escandalosamente sabrosa y profunda. No podía quitarle los ojos de encima.

Alicia le hace un guiño con su ojo izquierdo.

 

El airbag explota frente a su cara con una violencia que solo se compara a la que su automóvil ejerce contra la defensa izquierda de la autopista. El auto salta por el aire. Pequeños vidrios comienzan a danzar por el habitáculo. El auto hace una vuelta sobre sí mismo en el aire, que se asemeja a la habilidad de un atleta olímpico, pero que equivoca el movimiento al caer.

Carlos mantenía una sonrisa que se fue apagando con su pérdida de conocimiento y desvanecimiento. El golpe fue muy fuerte y si bien el cinturón de seguridad lo sujetó y salvó su vida, el impacto violento sobre su cuello, ese brutal latigazo, lo puso a dormir.

Los automóviles que venían circulando a la par frenaron brutalmente al ver semejante espectáculo frente a sus ojos. Algunos de ellos quedaron en sus autos inmovilizados por el stress de la situación, otros llamaron al 911 para reportar el accidente y solicitar ayuda. Algunos bajaron de sus autos para acercarse al accidentado procurando socorrerlo.

 

___________________________________

Capítulo 5

Alicia, totalmente en shock por la situación clavó sus frenos y se detuvo sobre la banquina casi provocando otro accidente. Se quedó un minuto aferrada al volante con sus dos manos sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Logró salir de su estado de enajenación cuando sintió que golpeaban su ventanilla...”está usted bien?” Preguntó un desconocido que también se detuvo.

Reaccionó y sin contestarle bajó del auto como expulsada y salió corriendo por el costado de la carretera en dirección al auto accidentado. Su pollera flameaba en el aire mientras gritaba como si fuera un himno...oh Dios, oh Dios mío..y lloraba. Mientras corría y gritaba iba abotonándose su blusa sin poder más que sentir que ese juego que tanto la provocó hace instantes, había sido responsable de esa tragedia.

 

Cuando llegó al auto accidentado, Carlos estaba desvanecido y lastimado por la explosión de vidrios y otros objetos que volaron por el aire. Ella le sujetó la mano entre las suyas y se dio cuenta que estaba sangrando. No le importó y se quedó sujetándolo. Lloraba. Sintió que su sangre era una ofrenda y era todo lo que podía tener de él en ese momento.

Mientras esperaban a los paramédicos la gente reunida se preocupó por ella y preguntó si lo conocía...Alicia tragó su saliva y su llanto durante un instante y con un dolor en su garganta respondió: es mi amigo.

 

___________________________________

Capítulo 6

Al llegar los paramédicos con sus ensordecedoras sirenas piden a todo el mundo despejar el área para que puedan trabajar. Un hombre le dijo al jefe del operativo de rescate: a ella déjela que es su novia.

 

Mientras los paramédicos trabajaban, un oficial se le acercó para interrogarla, pero ella, en su angustia y llanto solo podía mover su cabeza por la negativa o positiva. Fue así que no tuvo que responder el nombre del hombre ni su edad pero si señalar afirmativamente detalles del accidente o alguna data que ella decidió establecer, como por ejemplo que no había consumido ninguna medicina ni droga. “Es un hombre sano”, dijo entre sollozos.

Mientras trabajan cortando parte del auto para poder sacar y trasladar a Carlos en ambulancia, Alicia encontró un teléfono celular. Pensó en entregarlo a la autoridad pero no pudo y lo apretó en su mano.

Cuando al fin logran sacarlo del auto y acostarlo en la camilla, una troupe de especialistas comenzaron a trabajar sobre el accidentado.

El paramédico indica que lo llevarán al hospital del Oeste, distante 12 millas que si necesita que alguien la conduzca. “No, gracias...allí iré”, dice Alicia sin dudar.

 

Al cerrar la puerta y en la insonoridad de la cabina ella fue calmando su llanto nervioso. Miró sus manos y adoró el rojo oscuro de la sangre. Era un trofeo. Reaccionó que tenía su teléfono e instintivamente comenzó a revisarlo, mientras, por el carril contiguo pasaba la ambulancia.

Descubrió que se llamaba Carlos Esperanza y decidió no detenerse mucho tiempo más con el teléfono. Ya habría tiempo para ello. En el camino Alicia llamó a su trabajo para reportar que no iría....que había estado involucrada en un accidente en la autopista. “Estás bien?” Le preguntaron...”Sí, solo unos golpes y un poco de sangre”, mientras miraba sus manos.

 

___________________________________

Capítulo 7

Al llegar al hospital preguntó dónde estaban atendiendo a Carlos, que ella era su novia y quería saber que estaba pasando con él.

Estuvo en la espera de terapia sin que informen nada durante horas. Aprovechó su tiempo revisando el teléfono.

La sala de espera se fue colmando de gente. En ese instante se preguntó qué estaba haciendo allí. Se decía que debía irse. Dejar el teléfono en una silla o arrojarlo a la basura e irse. Pero rápidamente venía a su mente la mirada de ese hombre. Su sonrisa. Sus manos tan varoniles al volante. Su notable excitación. Ese pensamiento logró provocarla.

Cruzó sus piernas con fuerza para tranquilizarse mientras se movía en su silla. No podía dejar de sentirse responsable pero a su vez no quería evitar el estado de excitación que estaba viviendo.

Vibra el celular. Que inoportuno pensaba. Ella quería quedarse en ese estado de entrega a lo primitivo. Hacía mucho que no sentía tanta fuerza sexual. Vuelve a vibrar el celular. Con mucha displicencia lo agarra y descubre que el teléfono que clamaba por su atención era el de Carlos.

En pantalla, un mensaje decía: Este teléfono es de mi esposo que lo perdió en un accidente...si alguien lo tiene por favor que llame al 409.2069.

Alicia quedo perpleja mirando la pantalla. No podía reaccionar. Inmóvil. Imaginó que quien había enviado el mensaje estaría en la misma sala de espera con ella.

Tenía que pensar que hacer. Entonces decide ir al baño.

Mientras lavaba sus manos, ahora sí tratando de borrar toda huella posible que la atara mentalmente a la situación, iba pensando cómo salir de todo el embrollo en el que se había metido. Pensaba que igual nada malo había hecho, más bien lo contrario. Lo había asistido y le conservaba el teléfono para entregárselo a un familiar.

Iba haciendo planes en su cabeza mientras secaba sus manos.

 

___________________________________

Capítulo 8

Al baño entra una enfermera y al cruzar su mirada con Alicia le dice: vos no ibas al colegio NG del barrio norte? Siiiii, claro!!!!!! Se abrazaron y rieron enérgicamente en aquel disparatado encuentro.

La enfermera le pregunta qué hacía ella ahí. Alicia responde: “No vas a creer, pero mi amante tuvo un accidente, está en terapia intensiva y ahora apareció su mujer y yo me siento muy incomoda”. Mientras contaba esta historia, se preguntaba cómo lo estaba haciendo? si tenía pensado bajarse del cuento. Pero estaba siendo llevada por su instinto.

La enfermera le dice que no se preocupe, que la mantendría informada de todo sin necesidad de exponerla.

Sellaron ese pacto intercambiando sus números telefónicos, para mantenerse en contacto.

 

___________________________________

Capítulo 9

Los días siguientes fueron bien extraños. Alicia visitaba diariamente a Carlos aunque él seguía en coma. Sabía que también era visitado por su esposa pero se las arreglaba para que todo funcione sin contratiempos y con la complicidad de la enfermera, que según pasaban los días, ya no se trataba sólo de ella sino que todos en el piso conocían "la historia".

Cuando entraba a visitarlo le agarraba la mano como cuando fue el accidente y pasaba tiempo velando por su tranquilidad. Pasaban los días y cada vez conocía más y más sobre la vida de Carlos. Ella se preguntaba hasta cuando continuaría con esta farsa. Pero la verdad es que cada día que pasaba, Alicia sentía más fuerte por Carlos y la sensación de farsa se desvanecía.

 

La tarde del 23 de abril fue decisiva en sus vidas. Sonó el celular. Alicia sabía que era la enfermera quien la llamaba. Había días en que la llamaba para comentarle que el terreno estaba liberado o simplemente para contarle detalles de la curación de Carlos. Ese día no quiso atenderla. Estaba asistiendo a su jefe con un contrato y no podía distraerse. Cuando tuvo un break escuchó el mensaje: “No sabes lo que ocurrió. Ven inmediatamente al hospital”, decía la enfermera con voz temblorosa.

Alicia le dijo al jefe que se sentía mal y debía irse de inmediato. Cogió su auto y partió apresuradamente hacia el hospital. En el camino se preguntaba qué era aquello tan importante. Llamaba a la enfermera pero ésta no atendía. Y si se enteraron de todo? Y si alguien le contó a la esposa? Alicia conducía temblando.

 

Al llegar al tercer piso del hospital notó el clima de alegría que había. Al caminar el pasillo fue interceptada por la jefa de enfermeras. Por fin! Dijo casi gritando. Es que no venias más....y así, le agarró la mano y la llevó directo al cuarto de Carlos.

 

Al entrar al cuarto pudo ver que había más gente de lo habitual en el cuarto y cuando estiró su cabeza para hacer contacto visual con Carlos lo vio despierto. Por primera vez en meses había despertado de su coma. Tenía el rostro un poco perdido. Alicia, emocionada avanzó entre los presentes para verlo de cerca. No había tiempo para pensar, solo actuar. Cuando ella se apareció frente a Carlos, éste estalló en alegría y le estiró la mano que ella con devoción infinita recogió entre las suyas. Mi amor, dijo ella. Entonces él hace un esfuerzo para hablar y decir su nombre, terreno que rápidamente Alicia allana. Cuando Carlos escuchó de sus labios la palabra Alicia, se le dispararon todos los recuerdos en un segundo. Sus pupilas se agrandaron y salió del estado de susto.

 

Instantáneamente Carlos reconoció a esa mujer y lo embriagó la emoción. “Por favor, bésame que llevo mucho tiempo esperando por tus labios” le dijo. Ella avanzó a besarlo y él reconoció la temperatura de su hermosa piel, el cuidado de sus manos sobre las suyas, la belleza de su rostro y con una mano fue a tocarla.

El cuarto se fue despejando de personal para quedar solos con el médico y su amiga enfermera. Ella le hizo un guiño de ojos cómplice y él volvió a emocionarse.

El doctor continuó con la rutina de chequeo mientras la enfermera abrazaba a Alicia y le decía que ellos sabían que todo saldría bien.

 

___________________________________

Capítulo 10

Mientras, Carlos recordó sus vacaciones en Roma y el hermoso departamento que rentaron en el centro y sus paseos abrazados por las callecitas. Después recordó las vacaciones en la playa e instantáneamente miró las hermosas caderas de su amada que se dibujaban en su falda y le extendió la mano para que vuelva a acercarse.

Cuando reencontró la suave temperatura de su piel, recordó el aroma de su sexo, el gemir de su compañera y la humedad de sus profundidades. Tuvo una erección y el médico la festejó. Todos sonrieron cómplices. Alicia buscó el roce con su piel. Fue maravilloso para ambos.

El doctor pidió un poco de tiempo ya que todo estaba yendo muy rápido y si bien respondía muy favorablemente, debían tomar precauciones.

 

El médico y la enfermera decidieron regalarles un momento de intimidad. Ella se sentó al borde de su cama. Su pierna izquierda apoyada en la cama y la derecha colgando hacia el piso. Carlos comenzó a acariciar sus piernas y ella disfrutaba del momento que había estado imaginando por meses. Él necesitaba tocarla y llevó sus dedos hasta las bragas. Estaban mojadas. Alicia abrió sus piernas y él comenzó a acariciar sus labios húmedos con dos dedos. Ella solo quería que ese momento sea eterno. Quiso contener su gemido pero se entregó al goce. Carlos penetró a su amada con los dedos. Ella comenzó a explorar bajo las sabanas.

El desenfreno se había adueñado del espacio.

 

___________________________________

Capítulo 11

Golpean la puerta. Rápidamente aunque con torpeza, ambos se recomponen.

Era una enfermera.

“Carlos, tiene una visita”, dice la enfermera.

Entonces, entró la esposa llorando de emoción por haber recibido la noticia que su marido había despertado del coma. Carlos se queda mirando a la emocionada mujer. Frunce el seño.

“Enfermera -dice Carlos. Podría decirle a la señora, a quien no conozco, que no interrumpa?

Y por favor, ponga un cartel en la puerta…necesito privacidad”.

 

 

 

I Love You. by Eduardo Rubin

Logró poner su automóvil en buena velocidad, como para acompañar al pelotón que ya venia transitando aquella cinta asfáltica. Es ese momento de tensión, ya que debes subirte a algo que está en movimiento, pensaba.

En menos de dos minutos el auto que estaba al frente suyo, en el mismo carril, comienza a hacer unos movimientos bruscos en zigzag, como de quien está perdiendo el control y hace maniobras buscando recuperarlo. Aquel automóvil comienza a dar “latigazos” a diestra y siniestra a mucha velocidad. A la derecha de la autovía, un descampado interminable, a la izquierda un carril plagado de autos viajando a velocidad. Desde atrás se podía ver el movimiento pendular entre carriles del automóvil y quienes viajaban a su par, moviéndose para evitar ser embestidos de costado.

Fueron segundos apenas. La ubicación privilegiada que le otorgaba estar tras ese auto, lo ponía en lugar de espectador de lujo.

Tras 10 segundos de ese andar, el auto fue expulsado hacia su derecha, sobre el descampado. Menos mal, pensó, ya que el sentido contrario hubiera sido un bowling de proporciones.

El auto se desplazaba de costado sin control alguno y a alta velocidad sobre un manto verde. Luego golpeó contra una zanja que produjo una acrobacia de 360 grados por el aire. Hasta que fue a dar contra unos escombros y árboles. Una rama de gran porte logró contener el automóvil.

Como si no hubiera reacción alternativa, Sergio frenó en la banquina, así como también lo hizo el automóvil que venia tras él. Ambos bajaron como expulsados de sus asientos hacia la escena para socorrer a la persona accidentada.

Corrió por el descampado hasta llegar al automóvil y reconoció que una rama de árbol ingresaba por el vidrio lateral del conductor y atravesaba el auto hasta incrustarse en el parabrisas delantero, generando un hoyo de proporciones. El motor como apagado.

 

Al volante una señorita. Tendría 25 pensó rápidamente. La rama de árbol que la contuvo, también se encargó de desgarrar parte de su hombro, dejando un trozo en carne viva. La mujer no emitía sonido, pero estaba viva. Sus ojos se movían con rapidez y sus manos estaban como soldadas al volante.

Sergio cogió rápidamente su teléfono y llamó al 911 para pedir ayuda. El ruido de los automóviles circulando en la autopista sin detenerse, hacían bien difícil la comunicación con la operadora.

Cuando viajas por autopista con tus vidrios cerrados, no logras medir el ruido que genera esa tromba motorizada entonando la misma melodía.

La operadora quería mantener a Sergio continuamente en línea para tener un entendimiento de la situación, pero esto no hacia más que ponerlo nervioso ya que él pretendía hacer algo por socorrerla, más allá de llamar a las emergencias. Como podía saber él, si la mujer había injerido algún tipo de droga, si acababa de conocerla?

Sergio intentaba mantener una conversación que la accidentada solo podía contestar con movimientos de sus profundos ojos.

De repente, la joven conductora se desvaneció. Sergio cortó el teléfono. El primer instante fue terrible pensando en que podía haber muerto, pero cuando la tocó se dio cuenta que aun respiraba.

El contacto de la mano en su cara la recompuso. Siempre había pensado que el contacto humano era maravilloso y acababa de ver una demostración gigante de ello.

Los paramédicos no venían y él ya no sabia que hacer. No había pasado tanto tiempo en el mundo real, pero en aquella banquina, en aquel fango, el mundo era otro, es un universo con reglas propias.

 

La señorita volvió a abrir sus ojos marrones pero su piel no lograba salir de ese blanco casi transparente.

Ella miró a Sergio con la mirada bien firme y se quedaron un instante con esa conexión exclusiva. Ella comienza a mover su ojos hacia el costado y abajo. Luego vuelve a mirarlo fijo a los ojos y repite aquella rutina con fuerza en su rostro. El comprendió que había algo que quería comunicarle y siguió con su mirada al punto donde sus ojos lo llevaban.

La blusa de ella se iba tiñendo de color a medida que pasaban los minutos. La hemorragia estaba liberándose.

Decidió concentrarse en el movimiento de sus ojos y descubrió que tenia apretado el teléfono celular en su mano. Quieres que tome el teléfono? Preguntó Sergio. Ella cerró sus dos ojos a la misma vez con un gesto reconfortante.

Con sus dos manos, Sergio tomó la de ella y su teléfono tratándole de transmitirle una sensación de seguridad. Ella correspondió aflojando la mano.

Al tomar el celular en su mano, encontró que las suyas también estaban cubiertas de sangre. Sería de ella, pensó.

En pantalla un mensaje: “I love you” y el botón de “send” que titilaba como esperando ser presionado.

Sergio la mira y encuentra la cara de ella con un tono calmo que él interpretó agradecimiento. Entonces preguntó en voz alta. Este mensaje aun no fue enviado, verdad? Ella asintió con ambos ojos y lo miraba como implorando acción. “Quieres que lo envie?”, preguntó. Entonces se le dibujó una pequeña sonrisa en el rostro.

Sergio tomó el teléfono y mostrándole a ella su pantalla, apretó “send” para mostrarle que estaba cumpliendo con el pedido. El mensaje salió a su destinatario.

 

Ella hizo un suspiro muy profundo. Lo miro a Sergio a los ojos sin pestañar. Y se quedó mirándolo. Petrificada. Inmóvil. Eterna.

 

Silencio. by Eduardo Rubin

Era 17 de Marzo.

Era 1992.

Era el mediodía.

 

Aquel “no sonido” no me lo quitaré nunca de encima. Es como que el aire se hubiera ido. Es un agujero que todo lo succiona. Es la ausencia. La falta. El no-sonido que grita desconsoladamente.

 

Los vidrios estallando sobre mi escritorio y cayendo encima de todo. Encima mío. Eso es el caos. Quedarse inmóvil unos segundos hasta que las desconectadas neuronas comienzan a hacer sinapsis y le dan una explicación a una situación. Afortunadamente las persianas americanas estaban bajas por el calor y el horario. Entonces ellas se encargarían de amortiguar parte de los vidrios.

Las luces del edificio se apagaron y se encendieron las de emergencias. Tomé mi saco como para salir del edificio. Antes recorrí parte del piso para saber si habían otras personas. Me había quedado en la oficina en el horario de almuerzo ya que tenia que terminar unos informes para Aurelio. No encontré a nadie.

 

Al llegar al hall del cuarto piso, estaba el guardia de seguridad diciendo que había alguien atrapado en el ascensor. Logramos escucharnos a través de las herméticas puertas de acero. Era Leticia. Ella pensaba que había sido un corte de luz y por ello estaba atrapada.

Nosotros no sabíamos que había pasado. Pensamos que había habido un atentado en el consulado de Colombia que estaba en el primer piso de nuestro mismo edificio. Pensamos que había sido un atentado de algún cartel de la droga colombiana que quería generar caos o vaya a saber que.

Logramos abrir las puertas del ascensor y ayudar a Leticia a salir. Siempre me da miedo cuando los ascensores quedan entre dos pisos y hay que ayudar a las personas a salir. Pienso que arrancan de repente. No se. Miedos.

Debíamos abandonar el edificio. Pensaba que si el atentado había sido en el consulado colombiano, pasaríamos por allí al bajar las escaleras. Que quizás no era buena idea. Pero tampoco era buena idea quedarse en el edificio. No sabíamos que había pasado.

Salí a la calle Carlos Pellegrini aun sin saber nada de lo que había ocurrido. Me di cuenta que no era en mi propio edificio. Desde la esquina de Arroyo venia todo tipo de ruido y gente ensangrentada.

Pude llegar a la esquina para ver que el lugar donde pasaba cada día y era la embajada de Israel en Argentina había desaparecido. La escena jamás pensada. No pude acercarme mas. No quise. Yo era el tipo de vecino que cada día que pasaba por allí para ir a almorzar, saludaba a los guardias que estaban en la garita que ocupaba parte de la vereda. Nunca supe sus nombre. Nunca.

Volviendo sobre mis pasos ya que no avanzaría por Arroyo, recién ahí veo que los edificios de Cerrito, a mas de 100 metros tenían sus vidrios rotos…la onda expansiva, pensé. Igual que los vidrios de mi oficina hechos añicos por la onda expansiva.

 

Han pasado 25 años sin saber nada. 25 años de mi vida desde que escuché ese “no sonido” que recuerdo perfectamente.

Aquí, en este evento, utilicé una de mis 7 vidas. 22 otras personas utilizaron su última vida. La única. La real.